Comencé
“Fotografías de un diario” el día que me compré
una cámara que cabía en un bolsillo. Hacer fotos
se convirtió en un hábito. Estas
fotografías poseen cierto contenido autobiográfico,
pero no tratan de un diario
fotográfico. Lo que más me interesa de “Fotografías
de un diario” es la fotografía como práctica en sí
misma. Más que un divertimento, un ejercicio apasionante,
profundo, comprometido; un acto de creatividad que exige
posicionamiento y al mismo tiempo libertad, responsabilidad y escucha
permanente. Imágenes y
breves textos caminan juntos hacia la construcción de una
obra. Ambos son reveladores de sentido. No es sólo una
cuestión de necesidad, sino de intención. Más próximas a la poesía que al
documento. Pueden percibirse mejor de cerca y en silencio. Así
emergen estas fotografías, como hojas traídas por el
viento que aparecen y desaparecen tras la línea del horizonte,
y que reflejan la luz de cualquier mirada. En cada papel el vestigio
de una huella que el lector ha de completar. Esa es la invitación
y la propuesta de estos efímeros trazos de tiempo.